sábado, 10 de octubre de 2009

Los médicos de familia sitúan en 12 años el mínimo para atender a un menor solo

"Lo primero, es valorar el motivo de la consulta y determinar el grado de urgencia. Si es un problema grave que requiere una intervención inmediata se debe actuar buscando el mayor beneficio del menor aun sin la presencia de sus padres. Si es algo demorable, intentamos localizar a sus padres antes de actuar. Entre los 12 y 16 años es posible la valoración del menor sin la presencia de sus padres siempre que previamente se haya analizado el grado de madurez del paciente para esa circunstancia concreta y se haya considerado que el paciente es capaz de comprender el alcance de la intervención", resume Soledad Holgado, del grupo Lex Artis de la Semfyc.
Esta interpretación es conforme a la ley de autonomía del paciente, que fija en 16 años la edad a partir de la cual la opinión definitiva para aceptar o no un tratamiento o una intervención (con tres excepciones: donación de órganos, reproducción asistida y aborto, aunque este último aspecto puede cambiar con la reforma de la ley que propone el Ministerio de Igualdad), pero que establece que a partir de los 12, si el adolescente tiene la madurez adecuada, su opinión será tenida en cuenta.
Buscamos un equilibrio entre no perder la confianza del menor, respetando su derecho a la información y la confidencialidad, a la vez que facilitamos la ayuda de los padres. Es importante animarles a que sean ellos mismos los que se lo cuenten a sus progenitores", opina José Zarco.

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