viernes, 26 de agosto de 2011

Muerte ..... en el convento de clausura.

Hace pocas fechas en un fin de semana de más de 4 días me llamó una monja de clausura de un pueblo vecino, conocida mía... desesperada por que su anciana madre a la que cuidaba en el convento estaba enferma y sufriendo..., un vez dentro del convento de clausura, en el que sólo pueden entrar ellas, los sacerdotes, los médicos y otros sanitarios, me entregan varios informes de los servicios de urgencias domiciliarios que la habían atendido, recomendando uso de una sonda nasogástrica... 
Tras explorar a la anciana encamada delante de su hija monja y de la madre superiora, llego a la conclusión que presenta un ictus con hemiparesia del lado derecho del cuerpo, una fibrilación auricular no conocida a respuesta ventricular rápida, estaba en fallo cardíaco, fractura de cadera y de muñeca izquierda, en ninguno de los informes figuraban estos datos, se había caído hacía tres días, tenía dificultad para tragar y la cara desencajada por la disnea que presentaba.
Tras explicarle mi diagnóstico, le pregunté:
-¿que es lo que espera de mí?
Su hija entre lágrimas simplemente me decía:
-"mi madre ha tenido una buena y larga vida y está cerca de irse a un lugar mejor, no quiero que sufra".

Indiqué que no se le pusiera la Sonda Nasogastrica (SNG), inicié tratamiento con morfina para aliviar el dolor y la disnea (sensación de falta de aire)..., le dije que me llamase si había alguna complicación.
Al día siguiente por la noche María murió...., su hija la monja de clausura, me llamó para darme las gracias, porque tras mi intervención su madre había seguido viviendo unas horas, pero había muerto con cara de felicidad, sin dolor, dignamente. 
Ella y las demás monjas se habían tranquilizado con mis explicaciones sobre el estado de la anciana y por ver sus facciones relajadas y haber muerto en su cama, al lado de los suyos.

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