viernes, 16 de noviembre de 2012

La "a-tensión" de los lunes (discusión con un paciente)

En mi pueblo, donde ejerzo, la atención primaria es totalmente accesible, se atiende a todo aquel que entre en la consulta con una percepción de enfermedad, no necesariamente enfermo.

Aquí los niños, no pueden solicitar cita en mi agenda, porque en mi pueblo no hay niños (lease la base de datos de la Historia Digital), todos están en la cabecera de la Unidad de Gestión Clínica, en un pueblo a 12 Km. que es donde está el pediatra que sólo viene dos mañanas a la semana, yo los atiendo, lunes, miércoles  jueves por la tarde y viernes, pero curiosamente no pueden solicitar cita conmigo y todos vienen urgentes, a criterio de los padres.

Tengo que ver además:
  1. Mi agenda de pacientes citados, 
  2. Los avisos a domicilios de mis pacientes de un lunes, 
  3. Las urgencias de mis pacientes y de mi compañera, 
  4. Las urgencias domiciliarias de mis pacientes y de mi compañera, 
  5. Y las citadas urgencias de todos los niños del pueblo que han tenido mocos, tos, fiebre, diarrea o vómitos o han peregrinado por los distintos servicios de urgencias de atención primaria y/o hospitalarios de los alrededores.
Imagínense el ambiente de nerviosismo que respiran, en una sala de espera pequeña donde se mezclan casi aglutinándose niños, ancianos, adultos, jóvenes, mujeres, hombres, pacientes enfermos y pacientes sanos, demandantes de consulta médica, de enfermería,   administrativas en recepción... madres con carritos, ancianos con muletas o andadores,... en una sala de espera que puede tener como máximo unos 50 metros cuadrados, van notando el ambiente.
Una vez puestos en antecedentes, imaginaros el "caos" de consulta que soporto los lunes por la mañana y que soportan los pacientes que vienen a verme: 

Los que atienden urgencias solos (como médicos), saben la tensión en que a veces nos encontramos; los ruidos, golpes, voces... hacen, a veces que mi corazón entre en taquicardia, note como se dilatan los vasos sanguíneos de la cara en un primer momento y luego se contraen, empalideciendo mi piel, la misma cara que tiene un torero poco antes de salir al albero... los pacientes que no traen cita y entran con lo que consideran una urgencia llegan nerviosos y bajo los efectos de la adrenalina también...

Pues bien en este ambiente, uno de estos lunes tuve un altercado con un paciente, con el que tengo una relación cercana, y aún así en ese ambiente puede suceder lo que sucedió: 

En mi agenda hay un hueco de 9,30 a 10,07 para tomar un respiro (café), aunque casi siempre en ese hueco atiendo también las urgencias que quedan, bueno pues salí a un aviso de un paciente en cuidados paliativos, y cuando volví a las 10,05 la sala de espera estaba de nuevo a rebosar, como tenía todavía dos minutos hasta la hora de la próxima cita, decidí llamar por teléfono para gestionar una consulta de un paciente,... mientras me ponía la bata , oigo como llaman a la puerta, que no estaba cerrada del todo de forma potente y reiterada entrando a continuación un padre con su hijo en brazos y la madre de aquel... mi corazón se disparó, empalidecí...
  • "¿Qué le pasa?" (contesté yo un poco nervioso)
  • Que no tengo cita y está el niño con fiebre desde anoche.
  • Mi contestación anamnésica y quizás no muy empática fue: ¿Pero viene ahogándose o convulsionando?
  • No
  • Entonces, espere un momento que lo llame (quizás, no lo se, de forma áspera)
El padre volvió a salirse, y tras realizar la gestión solicité que pasase, tras lo cual el padre me recriminó de forma airada el hecho que yo le hubiese preguntado por la situación clínica del niño, entendiéndolo él como una reprimenda, no como un rápido triaje y tras las explicaciones no se calmaron del todo las cosas

En esas circunstancias tuve que explorar al niño de arriba abajo, con paciencia y detalladamente siendo el diagnóstico provisional enfermedad febril (37.3ºC), de corta evolución sin signos de alarma (lo máximo que pude diagnosticar).

Tras esas circunstancias, como es lógico mi diagnóstico, y mi explicación no sería muy convincente para el padre, y consultando la historia clínica después, comprobé que por la noche acudió de urgencias al hospital y al día siguiente a la pediatra, con diagnostico de enfermedad viral.

Considero que tras analizar el episodio en varias ocasiones con la intención de mejorar la situación, no encuentro culpa de él ni mía, y saco en conclusión que fue consecuencia de la situación de la sanidad pública los lunes en un consultorio rural. 

Lo peor que te puede ocurrir en un pueblo donde ejerces la medicina y vives es que cometas un error grave o que discutas con un paciente, casi todos suelen ser amigos, conocidos o vecinos, por lo que la situación es desagradable y yo suelo evitarlas, pero a veces puede haber malentendidos, por las circunstancias de "amontonamiento" de pacientes que se vive, y que he comunicado en varias ocasiones por escrito a mis superiores jerárquicos.

Ese día vi a 81 pacientes, un aviso urgente domiciliario, dos avisos domiciliarios normales.
No se cuantos años podré seguir aguantando estos lunes virales.


Ah!, yo no utilicé la violencia, pero viene bien este tema:

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