jueves, 6 de diciembre de 2012

El Ojo clínico: Ver, tocar, oler, oír.

En la actualidad con una medicina tan avanzada, a veces podríamos caer en la tentación de pensar, ¿para que tocar o explorar a nuestros pacientes? si luego le vamos a pedir una analítica, una radiografía, una Ecografía, un TAC, una RM ...

Los que practicamos la medicina en entornos donde casi ninguna de estas pruebas está disponible al momento, todavía tenemos esa capacidad que hasta hace poco se llamaba "ojo clínico" que no es otra cosa que la capacidad de observar con nuestros cinco sentidos.

Me viene esta entrada a la mente por varias historias que me han pasado en los últimos meses y que son ilustrativas:


  • Estando un día almorzando en un restaurante en el que habitualmente coincidía con otros colegas de especialidades hospitalarias, aunque no en la misma mesa. En un momento determinado una chica joven se desploma en el suelo formándose el revuelo habitual, los camareros que conocían nuestra condición de médicos, nos miraban sin decir nada pero con la mirada suplicante de pedir ayuda, aunque yo era el más alejado fui el que me acerqué: me identifiqué como médico, vi una chica pálida con la mirada perdida que la habían sentado en una silla, estaba empezando a tener pequeños espasmos, la toqué, no había pulso radial, si central, la tumbé en el suelo y abrí la vía aérea, la joven se recuperó en pocos minutos. No me hizo falta, aunque si hubieran estado mejor, ningún aparato tecnológico, en una situación que podía haber sido más grave, lipotimia con falta de oxígeno al cerebro, y además vía aérea cerrada por la postura que tenía.
  • En otra ocasión iba yo paseando por la calle cuando veo un tumulto de gente y una anciana caída en el suelo quejándose, con sangre en la cara y había también un colega no habituado a atención de este tipo de pacientes, vi que la paciente estaba consciente, respiraba, sangraba y se quejaba, me acerque y la toqué, su pulso era irregular, y le hablé identificándome, ¿toma usted Sintron?, me contestó la anciana que sí, taponé la herida y le pregunté que le dolía, me dijo que la pierna, pedí permiso para explorarla por debajo de la falda y noté que su cadera estaba fracturada confirmándolo cuando vi la postura de la pierna, la toqué cogiéndola de una mano para calmar su dolor, hasta que llegaron los servicios sanitarios de urgencia.
  • Y hace pocos días estaba oyendo un concierto a las afueras del pueblo, con el teléfono en silencio, me tocan por la espalda, miro y noto su cara de nerviosismo y esta en ropa deportiva, deduje que era una urgencia médica: "una niña se ha puesto mal en el polideportivo". Cuando llegamos al polideportivo donde todo los que estaban en el estadio conocían mi condición de médico sintieron un alivio, como el que sienten los pasajeros de un avión cuando aterrizan, vi a una a chica joven en el suelo conocida por mi, con buena coloración de la cara con las manos y las piernas "engarrotadas", la toqué y le hablé, y todo se fue tornando a la normalidad en la enferma y en el polideportivo.
Lo que quiero decir con estos relatos es que en una medicina tan avanzada en los hospitales, como la actual con grandes técnicas diagnósticas y terapéuticas, no debemos olvidar lo que somos, médicos, con ese halo "mágico"  que nos otorga nuestra profesión de poder tocar a nuestros pacientes,  en zonas personales y no compartidas con otros y con la capacidad de aliviar sólo con nuestra presencia.

1 comentario:

  1. Sus relatos encarnan la medicina por la que muchos hemos decidido pasar la mitad de nuestra vida estudiando. Esa medicina humana, de contacto, alejada de los estereotipos fantásticos e irreales que la televisión sin ir más lejos nos ofrece. Ese "halo mágico" del que usted habla es lo que a muchos nos empuja día a día y a pesar del panorama cada vez más aciago que se nos presenta a continuar, a seguir luchando por algún día llegar a poder, como usted dice "aliviar con nuestra presencia". Gracias, de corazón. Un estudiante de Medicina.

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