lunes, 20 de mayo de 2013

Las lágrimas del médico


Antonio es un hombre ya jubilado autónomo para sus actividades, vive con sus perros, le gusta la lectura y esta la realiza por la calle, caminando o en alguno de los bancos que existen en la vía pública del pueblo. Es un hombre tranquilo, poco hablador y casi siempre solitario, me caía bien.

Nunca ha estado enfermo hasta su jubilación, bueno en realidad si ha tenido una enfermedad: el tabaquismo.

Bebedor moderado de cerveza y siempre con un cigarro en la mano o en la boca. 

Pocos días después de jubilarse en una consulta rutinaria le tomé la tensión arterial y le hice unos análisis ya que tenía pocos datos en su historial médico, comencé a añadirlos en su hoja de problemas: tabaquismo, hipertensión, dislipemia. Con estos diagnósticos también comenzaron los tratamientos tras unos meses de intentar cambiar sus hábitos de vida sobre todo el que le insistía con frecuencia el "CONSEJO ANTITABACO".

Al poco tiempo comenzaron los problemas una obstrucción de una arteria de un ojo. Intensificación de consejos de hábitos saludables y intensificación del tratamiento farmacológico.

Pero cuando le proponía dejar de fumar, sólo me miraba y sonreía, sabía que ni siquiera lo iba a intentar. Habíamos hablado en alguna ocasión, entre bromas y de forma privada, que si se ponía enfermo y lo tuvieran que cuidar, que no le prolongara su existencia.

El otro día fui a visitarlo a la residencia, encamado con alguna que otra sonda, medio cuerpo paralizado, no podía hablar, no me entendía, YA NO FUMABA.

Solamente me miraba y en esa mirada yo intuía lo que me quería decir, me cogía la mano y me la apretaba como queriendo decir algo, ingenuamente le dí un bolígrafo y un papel por si podía escribir algo, a sabiendas de que no podría hacerlo, sólo hizo un garabato.

Cuando me despedía de él, comenzó a llorar, y yo que suelo mantenerme distante y frío en mi relación laboral, no pude contener la emoción y los ojos se me llenaron de lágrimas.

¿Hubiera ocurrido lo mismo si hubiera seguido el Consejo Antitabaco que le propuse años atrás?
Su decisión comunicada verbalmente y en privado, ¿la tendré que tener en cuenta?. ¿Era aquello un testamento vital?

Tendré que meditarlo otro día cuando mi relación con él se sitúe en el plano médico-enfermo y no en la relación de amistad.


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