miércoles, 12 de marzo de 2014

Hoy a pesar de todo ¡no estoy cansado!

Tras ir esta mañana a un oftalmólogo por un problema en un ojo, por cierto muchas pruebas pero escasa historia clínica y empatía, decidí acercarme por el hospital comarcal para visitar varios pacientes míos que están ingresados. Las caras que ponen mis pacientes cuando me ven entrar en su habitación es digna de narrar, su expresión indica que se alegran de ver un médico de "la familia". 

Tras esta visita vuelta a casa, llamo a recepción para preguntar cuantos avisos tengo: hoy de entrada tengo dos, dos personas con demencia que hacen vida cama sillón, olvidados ya de casi todos menos de sus cuidadores y familias, como reciprocidad de su falta de memoria. Estando en uno de ellos me llaman de recepción, y van tres, esta vez otro paciente con vida cama sillón y dolor torácico. Antes de la una, ya llevo tres visitas en el hospital y otras tres en domicilios. Tras un almuerzo frugal y un café en el bar, entro en el consultorio, cuento hasta siete pacientes sin cita esperándome, incluido uno al que tengo que comunicar malas noticias. Tengo también un paciente programado para una infiltración articular. 

Comienzo mi consulta de pacientes citados previamente con veinte minutos de retraso. Cuando llevo una hora y media de consulta, entra alguien bruscamente, urgencia a domicilio, vamos el enfermero y yo en bicicleta, un vértigo paroxístico, mis zapatos quedan salpicados por la comida a medio digerir. 

Vuelvo al consultorio: una mujer me pide entre sollozos que cuando pueda vaya a ver a un paciente en cuidados paliativos, lo haré tras la consulta, allí necesitaré tranquilidad emocional. Llevo ya casi una hora de retraso, pero continuo con la lista de pacientes citados, tras otra media hora suena el teléfono de mi consulta mientras ausculto un anciano con un catarro, un número corporativo, termino y lo cojo: "Consulta de Ángel López, dígame"... Es el centro coordinador de emergencias, una Prioridad 1 en domicilio, respiración dificultosa no tiene pulso, cuando preguntó por su nombre ya se que sólo certificaré su defunción, voy en mi bicicleta solo.

Término mi lista de pacientes de ese día con una hora de retraso, son las siete y media de la tarde, pero hasta las ocho y cinco sigo viendo pacientes sin cita (que llaman "de urgencia").
Me queda mi paciente en cuidados paliativos, mientras me dirijo a su domicilio, ya de noche, en mi bicicleta sin luz por calles sin tráfico, me voy relajando pensando en él. 
Volviendo hacia mi casa, cerca de mi domicilio, me aborda otra paciente por una incidencia con una cita hospitalaria, y todavía soy capaz de escucharla con paciencia.
Tras atender a más de 70 pacientes, espero no haber cometido muchos errores, ¡hoy me siento bien, no estoy cansado!. Medicina de pueblo

2 comentarios:

  1. Intenso y emotivo relato de un día más ajetreado de lo habitual en la vida de un médico rural. Lo único que me choca es el paciente de la infiltración: sin cita/citado. En fin, admirable.
    Un saludo cordial.

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  2. Gracias José Manuel, ya lo he corregido para intentar que se entienda mejor.
    No creas que es un día más ajetreado, este es mi día tipo, excepcionalmente tengo días tranquilos.

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