lunes, 5 de mayo de 2014

La otra privatización

Hace unos días caminando por una calle de Sevilla por la que hacía algún tiempo que no pasaba, observé la gran proliferación de clínicas privadas, grandes edificios con estructuras modernas y además con gran afluencia de público, todos ellos alrededor de un gran hospital público de esta capital.
Esto me llevó a pensar que la medicina privada iba evolucionando de forma positiva, por lo menos desde el punto de vista externo en medio del debate generado sobre el copago sanitario y la crisis económica; curioso y contradictorio, pero estos son los datos reales:

Casi 1,5 millones de andaluces cuenta con un seguro privado, lo que equivale al 17,5% de su población. La comunidad cuenta con 59 hospitales de titularidad privada, lo que constituye el 48% del total y el 25% de las camas. Estos centros asistenciales procuran anualmente más de 200.000 altas tras internamiento (25,6%) y atienden, además, el 20,4% de las urgencias. 
El 28% de los hospitales privados andaluces tienen establecidos conciertos con la sanidad pública. Las consultas del especialista (90%) y la realización de pruebas diagnósticas (82%) son los dos servicios más utilizados en la sanidad privada, gracias a la posibilidad de elegir al médico y a los menores tiempos de espera para la realización de pruebas diagnósticas.
España es en el cuarto país de la Unión Europea con mayor número de usuarios de seguros privados, si bien el 70% de los españoles no tienen este tipo de seguro.
El sistema de sanidad pública se financia a través de los impuestos de todos los españoles, La OMS señaló en 2010 que entre un 20% y un 40% del gasto sanitario total en cada país se pierde por la “ineficiencia” del sistema.

A mi paciente Manuel de 42 años le duele la espalda, además tiene problemas familiares, por lo que me ha solicitado la baja laboral. Tras explorarlo el diagnóstico es de raquialgia sin otros factores asociados ni signos de alarma, aunque además tiene en este momento un gran componente psicosomático, como Manuel tiene un seguro de funcionario del Estado, pide cita con el traumatólogo, sin habérselo indicado yo,  en una clínica privada de un pueblo cercano. Le han solicitado en menos de 10 días una Resonancia Magnética (RM) de cervicales y otra de lumbares y además lo han puesto a hacer rehabilitación. 

Juan es un joven empleado de una empresa que jugando al fútbol en sus ratos de ocio ha tenido un esguince de rodilla, y tras la exploración emito como juicio clínico una posible lesión de menisco y ligamento interno de su rodilla.  Juan ya ha ido a urgencias hospitalarias el domingo que sufrió el accidente deportivo, y según mi diagnóstico necesitaría una RM de rodilla y ser valorado por un traumatólogo. Le doy yo mismo la cita pero tarda un mes, que tras una primera semana que lleva en reposo se le alarga 40 días, el traumatólogo le pide la RM que tarda otro mes aproximadamente y le da cita para otro mes, son 100 días de espera para llegar a un diagnóstico de certeza y buscar un tratamiento adecuado. Como a él le parece larga la espera, y a mi también, me  pregunta como podría adelantarlo aunque sea pagándoselo, le indico la forma de iniciar el camino de la sanidad privada, yo entiendo a Juan.

Manuela es una mujer de 73 años con sobrepeso, le duelen las rodillas, de lo mucho que ha trabajado dice ella, lo cierto es que tras ponerle tratamiento para el dolor que le provoca la artrosis y ponerle alguna infiltración, le he hecho una radiografía y he constatado que su rodilla tiene signos avanzados de artrosis, la he derivado al traumatólogo que le ha dicho que espere lo que pueda y que su médico le vaya mandando analgésicos, ella no está muy de acuerdo porque creía que iban a operarla como a su vecina, esta le ha dicho que uno de los traumatólogos tiene una consulta privada y que allí le pidió una RM tras lo cual la incluyó en la lista de espera quirúrgica para operarse. Manuela me pregunta si creo que debe ir a la consulta privada de ese especialista, que hará un esfuerzo económico si yo se lo aconsejo.

Estos son distintos ejemplos de tipo de sanidad que coexisten dentro de los pacientes de mi cupo, al igual que manejo diferentes tipos de recetas de la sanidad pública y de mutuas de funcionarios.
¿Porque esa diferencias entre mis pacientes de acceso a prestación farmacéutica y sobre todo a especialistas del segundo nivel o a pruebas complementarias?
¿Son estos retrasos en acceso a especialistas o a pruebas complementarias formas de desviar a la sanidad privada de forma encubierta?
Quizás los expertos en gestión y política sanitaria puedan responder.

3 comentarios:

  1. Una cuestión es que esos tres pacientes (que son muy habituales, cierto) han pasado antes por un médico de familia que por un servicio hospitalario.
    De no estar tú, de no existir la figura de la Atención Primaria organizadora del caso, esos pacientes, dentro de su libre elección de médico en su seguro privado, podían verse inmersos en una romería de consultas libremente solicitadas entre traumatólogos, reumatólogos y rehabilitadores (y no digo más si el caso es el de una cefalea).
    Curioso (pero lógico) es que a nivel privado el paciente tenga libertad para pedir cita directa con el médico traumatólogo pero no con el médico radiólogo; ahí, es el traumatólogo el que hace de organizador.

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  2. Es decir, o Atención Primaria es introducida como se merece en la sanidad totalmente privada, con lo que seguramente mejoraría la eficiencia de esta, pero ante la atracción de más clientes aumentaría sus listas de espera, o se mejora la atención de segundo nivel en la pública (no en técnicas, sino en gestión).
    Pero ahí también hay intereses creados (hay gente del modelo A que no puede/no quiere ser más eficiente por la mañana porque por la tarde atiende otra consulta en el modelo B; o tiene tal estatus en A que no hay jefe/director/gerente que consiga reorientarlo). Uuuuuugh!

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  3. Deberíamos hablar más de esto, los propios profesionales sanitarios

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