sábado, 4 de julio de 2015

Tras una parada, una confesión de infidelidad #MedicinaRural

Nunca acaba de sorprenderme la variabilidad y la simultaneidad de enfermedades, sentimientos, actuaciones y toma de decisiones que se presentan en el ejercicio de la medicina, y es que a medida que transcurre el tiempo, ocurren anécdotas que me hacen pensar que ejercer la medicina en un pueblo es la forma mejor de conocer todas las facetas de la misma y la explicación de porqué cautiva su ejercicio. 
En este artículo de J.Gervás Camacho, explica esta variabilidad, en mi caso además se añade que vivo  en el pueblo, con lo que eso conlleva cuando se cierra el consultorio local. 

Transcurría el inicio de la consulta de tarde, había terminado ya los avisos domiciliarios que me habían demandado y estaba concluyendo la segunda cita de cirugía menor, antes de abordar la consulta a demanda sin cita (que no urgente), para luego continuar con los pacientes que tienen cita previa, la denominada consulta a demanda. En el preciso momento de poner el apósito a la pequeña herida que había dejado la escisión de la verruga, se abre la puerta de la consulta bruscamente sin llamada previa: 

  • - "venga usted que mi padre se ha desmayado", en ese instante no hice ninguna pregunta porque conozco a los pacientes y sabía que era algo grave.
Me dirigí a la habitación de al lado cogí mi maletín y una mochila de urgencias roja que asemeja a un carro de paradas y que utilizo para las emergencias en domicilios y me dirigí, junto con la enfermera al coche del mensajero, ya que en mi bicicleta no cabíamos con todo el material. 
Durante la corta travesía, hice una pequeña anamnesis y deduje que el paciente había sufrido un atragantamiento, y repasé mentalmente el protocolo.

Cuando llegamos, Jaime estaba tumbado y tenía signos externos y evidentes de parada cardiorespiratoria, tras casi una hora de maniobras no conseguimos reanimarlo, a pesar de haber realizado de forma adecuada los protocolos de actuación. 
La familia lo aceptó sin dramas cuando se lo dije por que Jaime, un hombre ya entrado en edad, les había dicho unos días antes, que había vivido mas de lo que habría  imaginado nunca y sólo pedía tener una muerte rápida, como así fue.

Acabé exhausto y empapado en sudor, volví al consultorio que ya estaba rebosando de pacientes y solicité permiso para ir un momento a mi casa a ducharme y cambiarme de ropa. 

A la vuelta, cuando comenzó la consulta entró Ana e inició un relato de un problema existencial, que duró mucho más allá de los cinco minutos asignados por el programa de citas, se encontraba mal y tenía la tensión arterial alta, pero las causas de sus males los achacaba a que sospechaba de la infidelidad de su marido con una de sus mejores amigas.

Para mi, que venía de una situación de gran activación adrenérgica, me resultó difícil la adaptación mental para dar a Ana una respuesta adecuada, pero pensé que así es la vida, que todo continua y que no hay pausas en la medicina rural.
... Y siguieron pasando pacientes hasta el final de la tarde, todos necesitaban una actuacion empática y diferente de mi, ése día    a pesar de las circunstancias adversas, mi mente y mi cuerpo estuvieron a la altura de las circunstancias.


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