jueves, 21 de abril de 2016

El accidente. Atención a politraumatizados


Aquella era una tarde plomiza y lluviosa, yo estaba formándome en un curso sobre "atención a víctimas de accidentes de tráfico o traumatizados fuera de hospital", el curso era lejos de mi consulta, lejos de donde vivo.

En el descanso de la comida recibí una llamada trágica de Lola, antes de que me lo contara sabía que algo grave había pasado; una amiga acababa de morir en lo que parecía un accidente de tráfico, decidí irme del curso y llegar al pueblo, pero tras meditarlo y ver que no podía aportar nada y que no era necesaria mi presencia en ese momento, me quedé a terminar el curso.

Cuando llegué por la noche y el día siguiente el pueblo estaba envuelto en una nube de tristeza, que no sólo se notaba sino que se palpaba. En determinadas ocasiones ocurre esto en los pueblos, todo el mundo está imbuido por el mismo sentimiento, a veces de alegría, a veces de optimismo, de preocupación, aunque aquel día era de desconsuelo.

Los protocolos son claros a seguir: La valoración primaria del paciente prima sobre la movilización e inmovilización del paciente, aunque, en ocasiones, para poder valorarlo adecuadamente, es preciso movilizarlo o extraerlo previamente. No obstante, estas maniobras deben ejecutarse con control espinal y empleando material apropiado. 




Pero la vida seguía su curso, todos en el pueblo continuaban sus actividades, aunque en todos los sitios se comentaba el mismo tema: estábamos todos conmocionados la muerte no tiene compasión de nadie y cuando tiene que llegar lo hace, da igual que seas una buena o mala persona, no tiene en cuenta el dinero, ni la edad, no sabe de felicidad ni tristeza, no valora la cantidad de amigos o enemigos que tienes, ni cual es su misión en esta vida, pero lo que no controla ni tiene en cuenta es que hay personas que aunque falten siguen estando presentes entre nosotros por sus actos y acciones, por sus palabras y miradas, por sus sonrisas.

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