domingo, 17 de julio de 2016

Vacaciones de un médico

Terminé la guardia de 24 horas. Cuando llegué a casa mi familia me estaba esperando y partimos hacia el lugar de destino de nuestros primeros días de vacaciones. La guardia no había sido especialmente complicada a excepción de un síncope cardiogénico que tuvimos que trasladar al hospital y un golpe de calor a las 4 de la mañana, que luego me confirmaron de la gravedad que sospeché.

Me llevé mi maletín a la playa, no lo puedo dejar detrás, me lo recuerda mi mujer, me preguntan por él en el chiringuito y el hombre de las hamacas, y es que lo he tenido que enarbolar en alguna ocasión en esos lugares porque saben de mi condición de médico. En el chiringuito donde tomo algún aperitivo hay otros médicos también, un cirujano cardiovascular de fama, un oncólogo, un radiólogo, pero si alguien sufre un desmayo todos me miran a mi.

Junto con mi maletín me llevo algunos de los pacientes que he dejado pendiente de resolver aunque encauzados, un melanoma acral en espera de tratamiento, un masa cardíaca en una adolescente, un esquizofrénico descompensado y en exclusión social y algún viejecillo de los que visito a domicilio y próximo a su final.

A medida que van pasando los días los pensamientos van dejándose detrás y sólo vienen de forma fugaz, aunque la condición de médico permanece siempre aunque estés de vacaciones, si bien este año no he tenido que realizar muchas asistencias, mejor así, a fin de cuentas estoy de vacaciones.

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