lunes, 21 de noviembre de 2016

El médico quemado #burnout

Mi día a día como médico, transcurre en un pueblo conviviendo entre mis pacientes durante las 24 horas del día, incluso en las redes sociales virtuales del pueblo. Sigo siendo el médico más allá del horario laboral propiamente dicho, pero esto lo he elegido yo.
He elegido proporcionar una asistencia integral y continua a mis pacientes, acepto a toda persona que solicita atención médica, sea o no del cupo que tengo asignado; niños o adultos, intento atender al individuo en el contexto de su familia y según la comunidad en la que vivimos, por tanto conozco perfectamente su cultura, religión y su nivel socio-económico, llevo atendiendo ésta comunidad más de 25 años (algunas familias los llevo atendiendo durante 4 generaciones), además conozco todos los servicios y mecanismos que tiene a disposición mi comunidad y el ámbito sanitario donde nos desenvolvemos mis pacientes y yo.
Atiendo lo mejor que puedo y entiendo, entre 60-80 pacientes al día, hago una media de 3 avisos domiciliarios, más alguna visita domiciliaria (que es diferente), veo niños a pesar de que viene un pediatra jornada y media laboral a la semana, excepto en vacaciones, bajas o días de libre disposición, atiendo embarazadas ya que sólo viene, por temporadas, una vez en semana una matrona, hago trabajo social ya que de vez en cuando acude al centro una trabajadora social, paso consulta tres tardes a la semana (una de ellas en otro pueblo, durante la guardia), dos de ellas ni siquiera tengo personal de recepción, por tanto suelo dar citas y recepciono directamente los pacientes. 
Sigo haciendo cuidados paliativos, cirugía menor, infiltraciones, intento estar al día en técnicas que eviten a mis pacientes desplazamientos como reducción de pronación dolorosa, maniobra de Epley y otras, codifico los diagnósticos, atiendo urgencias y emergencias en el consultorio y domicilio, durante las jornadas complementarias o guardias y durante la jornada laboral habitual, porque aquí sólo llegan los servicios de emergencias habituales del 061 en helicóptero, si están disponibles y tampoco existe DCCUs aparte de los que iniciamos los equipos de mi zona básica de salud a partir de las tres de la tarde. 
Sigo realizando casi 500 horas anuales de formación continuada y recibo residentes para rotación rural. Como vivo en el pueblo donde trabajo a veces me avisan por emergencias en mi propio domicilio, y suelo ir a casa de mis pacientes por motivos de enfermedad fuera del horario laboral, doy charlas de educación para la salud en asociaciones, institutos, colegios incluso a veces en la plaza del pueblo, hago programas de radio y de espacios en la televisión comarcal y a veces en la nacional para dar a conocer lo que hacemos los médicos de familia y fui de los primeros médicos de familia acreditados como experto en las competencias de mi especialidad en mi comunidad autónoma. 
Sigo cometiendo errores a diario, los reconozco cuando los detecto e incluso intento hablar con los pacientes de ello, para mejorar e intentar que no ocurran de nuevo.
Todo esto viene a cuento porque hace pocos días hablando con unos compañeros en twitter, tal como transcurrió la conversación daba la impresión que yo era un médico quemado.
"El burnout es un conjunto de síntomas que cursa con fatiga emocional consistente en agotamiento, decepción y pérdida de interés por la actividad laboral, que se da sobre todo, en aquellas personas que se dedican al cuidado de las personas, como los que nos dedicamos al cuidado de las personas que tienen o perciben que pueden tener problemas de salud,  se le llama también síndrome del quemadoLas consecuencias del burnout de los médicos también recaen sobre los propios pacientes. Está demostrado que el agotamiento emocional está asociado con una mayor tasa de error.
La prevención del síndrome del trabajador quemado debe comenzar en la empresa del empleado. La primera medida que debemos tomar es evaluar las situaciones que generan el estrés y la ansiedad y tomar las decisiones y las medidas adecuadas para intentar reducirlo.

Para ello deben mejorar la organización y proveer de herramientas necesarias para que el trabajador pueda realizar sus tareas de forma adecuada y no tenga tanta sobrecarga laboral. Además, el trabajador puede adquirir una actitud asertiva, estableciendo una relación comunicacional, sin discutir, ni someterse a la voluntad del resto de compañeros y defendiendo sus convicciones.
Por otro lado, es recomendable que los trabajadores modifiquen las expectativas que tienen en el trabajo. No se trata de que el empleado renuncie a sus ambiciones y aspiraciones. Simplemente debe buscar un punto intermedio que se ajuste más a la realidad y ver la situación como una oportunidad para aprender y crecer en otros ámbitos diferentes a los que se había propuesto inicialmente"
Por tanto y por todo lo anterior, veo pacientes que solicitan mi asistencia, sean o no de mi cupo, ni si vienen o no de urgencia, no les digo que no vengan, si creo que su consulta no requiere acudir a urgencias, les explico tras atenderlos la situación, incluso pongo a su disposición hojas explicativas de su padecimiento y cuando venir o no venir a urgencias y cuando ir o no ir a su médico. He dejado de discutir o aleccionar a mis pacientes por estas situaciones que creo que no me corresponden y ademas producen una disrupción en mi trabajo y una rotura de empatía con mis pacientes, hay cosas que las deben hacer otros. 
Conclusión: Nosotros como médicos debemos decir que no fumen, pero la prohibición de fumar en lugares públicos la deben hacer las autoridades, recomendamos no beber alcohol a los menores pero la aplicación de la ley la debe hacer la autoridad competente, nosotros debemos ver pacientes durante nuestra jornada ordinaria o extraordinaria según la regulación normativa de nuestra empresa, la regulación de como ir a urgencias, donde o ir o no ir, a que médico u hospital acudir o no, deberían hacerla los responsables de proveer los servicios sanitarios, que en nuestro caso son las comunidades autónomas y son ellos los que debería establecer los mecanismos adecuados para dar una asistencia sanitaria de calidad y no paternalista, con una regulación normativa clara y no como mecanismo para recaudar votos.


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