viernes, 21 de abril de 2017

“Las razones de los pacientes Vs las de los médicos”

El título hace referencia a dos visiones humanas de la misma historia, una película que narra la batalla de Iwo Jima de la segunda guerra mundial: “Las banderas de nuestros padres” y "Cartas de Iwo Jima".

En la relación diaria con nuestros pacientes se producen historias con dos puntos de vista diferentes, por una parte como las ve el médico y por otra como la cuenta o la vive el paciente, de forma totalmente distinta, influidas por factores humanos, políticos, sociales y educativos. Estas historias generan a veces una situación de conflicto, malestar o disrupción en la relación médico-paciente.
La historia: En la sala de espera de mi consulta acuden pacientes con cita unos 55 diarios, a la vez llegan otros usuarios que vienen de urgencias, sin cita, o niños que por una cuestión  burocrática no pueden sacar cita conmigo, otros 20-40 dependiendo de la época del año. Todos tienen alguna razón para consultar, aunque los que tienen cita quieren entrar a su hora y dejan pasar a las urgencias objetivas (alguien sangrando o con ahogo o niños con aspecto de enfermedad). Esto genera diferentes puntos de vista. 
En la sala de espera están un niño con vómitos que llegó primero y una mujer con un cáncer metastásico que viene con dolor de espalda, los dos vienen sin cita.
Médico: para organizar la consulta, a parte de la hora de la cita o emergencias que se atienden sobre la marcha, van entrando según el motivo de consulta que ponen en recepción y son llamados tras los que tienen cita en esa hora o por criterios de triaje médico. Llamo antes a la paciente de cáncer metastásico, conozco su situación.
Paciente: Considera que su motivo de consulta es más importante que otras urgencias que llama el médico antes o incluso que otros pacientes con cita. La madre del niño con vómitos se desespera y le dice al médico que porqué llama antes a la mujer con el dolor de espalda. No conoce lo que le pasa al otro paciente, porque no es evidente o notorio.

La historia: hago una jornada laboral de 24 horas cada 6 días, paso a veces la consulta de 8-15 horas y luego continuo en otro pueblo la guardia de 15 a 8 del día siguiente o entro los festivos a las 9 de la mañana y salgo a las 9 de la mañana del día siguiente, durante esa jornada como es lógico debemos comer, orinar, defecar y a veces necesitamos descansar. Llega un paciente a la sala de espera a las 15,15 horas lo atiende el celador en recepción, que le dice que espere que estamos comiendo, consulta por mareos pero el celador me dice que trae buen aspecto.
Médico: considera que el paciente puede esperar, tiene que comer lleva desde las 8 de la mañana atendiendo pacientes, es el único médico para tres pueblos a esa hora, y es humano, tiene necesidades fisiológicas.
Paciente: entiende que viene de urgencias y se está tardando en su atención, su hijo protesta y lo hace de forma belicosa, está asustado por que podría ser un ictus, él no tiene nada que ver con que tenga que comer.

La historia: Un paciente estaba citado para una prueba diagnóstica a las 14 horas, pero el médico que la iba a realizar e interpretar lo habían mandado a otro pueblo a pasar consulta por razones laborales, aunque este tiene previsto llegar a la hora para realizarla.
Médico: durante la consulta en el otro pueblo y a última hora una vez que había terminado la consulta me solicitan que vaya a un aviso domiciliario de una joven paciente con un cáncer que la ven rara desde el día anterior, se habían enterado que estaba yo. Tras ver a la paciente concluyo que tiene metástasis cerebrales probablemente y consideré  que estaba en situación terminal. A la familia que tenía hijos menores nadie le había explicado, hasta ahora, la proximidad de la muerte, por lo que tuve que emplear el tiempo adecuado para ello sin pensar en la cita que me esperaba en el otro pueblo, al que llegué con unos 15 minutos de retraso.
Paciente: Llegan las 14 horas y ve llegar a otro médico no con el que estaba citado, éste no le hace la prueba, no sabe nada del tema, sólo viene a pasar consulta, en recepción tampoco saben nada. A las 14,05 horas el paciente pide explicaciones y solicita el libro de reclamaciones. No se imagina porqué no ha venido el médico que la tenía citada más allá de lo evidente.

Estas tres situaciones pueden dar una idea de lo que quiero comunicar. Las relaciones humanas son complicadas, la relación médico-paciente lo es más, ya que una de las partes siente amenazada su salud o su supervivencia. Los médicos realizamos un trabajo, pero es un trabajo desde mi punto de vista diferente a casi todos los demás, por ello, los que se encargan de gestionarlo deberían ser más generosos en este ámbito.

Imagen tomada de: http://www.noble-arp.com/htdocs/index.php?news=1&id=93

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