jueves, 31 de mayo de 2018

Una historia médica increíble

Hace unos años estaba pasando consulta en turno de tarde, tras la cual debía incorporarme a una guardia de urgencias hospitalarias, a última hora llegó el padre de una niña de unos 15 años para que fuera a verla a domicilio, por fiebre de 24 horas de evolución, ya vista por su médico por la mañana. La verdad es que le puse algunas objeciones, porque tenía prisa ya que a continuación de la consulta, tenía que ir rápidamente a la guardia de urgencias del Hospital Comarcal de referencia, y porque no era muy habitual un aviso a domicilio de una niña con fiebre; pero al final accedí a la petición.
Cuando llegué al domicilio, la niña estaba en la cama con los ojos cerrados, tenía febrícula de 37´7ºC y le dolía la cabeza, estaba tomando antibióticos y antitérmicos que le habían recetado por la mañana por una faringoamigdalitis, el resto de la exploración era normal, pero a pesar de las prisas me detuve a explorarle la piel, y detecté una pequeña mancha roja en el tórax, parecía una petequia casi imperceptible con la luz que había en la casa, aunque en principio  no le dí importancia, porque sólo vi una. Terminé la exploración y le di a los padres las instrucciones últimas tras prescribirle un analgésico.
Cuando me despedía del padre, me dispuse a traspasar hacia fuera el umbral de la puerta de su domicilio, pero no se porque motivo, no se exactamente lo que me pasó por la cabeza, no se que influyó, pero volví a entrar, volví a explorar la piel y los signos meníngeos y decidí enviarla al hospital para descartar meningitis.
.... Cuando llegué al Hospital distante unos 45 minutos de donde paso consulta, una hora y media después de verla, la niña estaba ya en la "sala de triaje" donde la habían dejado, estaba con la enfermera, y todavía no la había visto ningún médico, me acerqué a ella y le pregunté "¿como estás?", pero un escalofrío me recorrió el cuerpo cuando noté que tenía casi todo el cuerpo lleno de petequias, sin cambiarme de ropa fui rápidamente a la consulta del compañero que le habían asignado para verla, y puse en marcha los mecanismos ante lo que parecía una purpura por meningitis. Pasó a observación, llamamos a la U.C.I., y la trasladamos a sala de radiología acompañada por dos médicos de urgencias, estando en el T.A.C. sucedió lo peor, se produjo una parada cardiorespiratoria. Como estaba avisado el equipo de U.C.I. se pudo intubar y reanimar inmediatamente en la misma sala radiológica.
Me tocó a mí comunicarle el proceso a los padres y abuelos que estaban ajenos a todo y no sabían nada de la gravedad del proceso de su hija, y de lo que había pasado en la sala de rayos.
Tras varias semanas en la  U.C.I. y planta del hospital donde la envié, la niña se recuperó totalmente de una sepsis meningocócicaYo se que se dieron una serie de circunstancias en las que influí decisivamente, para que su vida se prolongara para llegar al día de su boda, a la que me invitaron.
Hace pocos días me llegó este mensaje por WhatsApp, en el que he anonimizado los datos identificativos:

Estas son las satisfacciones de ser médico, son historias increíbles, que se dan con frecuencia en Atención Primaria, son historias de vida que dan vidas y que no salen en los periódicos pero que merecen la pena contar.
Aunque todavía me pregunto 20 años después, qué me hizo dar la vuelta al traspasar el umbral de su puerta y por qué lo hice. 😏

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